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Itinerario Polìtico
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02/07/2012
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Ricardo Alemán
Tiempo de canallas
En las horas previas a la jornada de votación se vivieron momentos de ánimos alterados y conciencias exaltadas. Y es que, como si se vivieran los típicos "tiempos de canallas", en los previos a la elección presidencial -que hoy se define- proliferaron la mentira y la difamación políticas -que va más allá que la mentira y la difamación a secas-, la persecución y agresión contra los mensajeros y, por si no fuera suficiente, aparecieron los frutos del odio sembrado a lo largo de todo un sexenio.
El espantajo del fraude Una de las mayores mentiras que se echaron a rodar desde hace semanas es que en la elección se iba a cometer uno de los más grandes fraudes de la historia electoral mexicana. ¿Y en qué consiste ese escandaloso fraude que preparan -no el gobierno- sino quién sabe qué manos del Revolucionario Institucional?
Lo primero que hay que decir es que quienes difunden desde hace semanas el espantajo del fraude son, causalmente, las plumas militantes que abiertamente aparecen identificadas con la causa político-electoral del candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador. Luego, es pertinente señalar que esas voces no dan una sola prueba del supuesto que acusan. En realidad pareciera que mediante esas plumas, el candidato de las llamadas izquierdas preparó el terreno para gritar que se cometió un escandaloso fraude, una vez que el resultado electoral pudiera ser adverso a su causa. Es decir, que estaríamos ante la cura anticipada de la pérdida de la salud. En suma, que se estaría poniendo el curita antes de cortarse. Y claro, si gana, entonces nadie se acordará de que por todo el país se preparó un monstruoso fraude.
Pero el asunto resulta aun más simpático si se comparan tres variables que exhiben el cuento del supuesto fraude como lo que ha sido desde hace semanas: un montaje propio de espectáculo de circo. Resulta que un político delirante, como Pablo Gómez, dijo estar seguro de que se va a cometer un fraude, ya no a la antigua, sino mediante la compra y la coacción del voto. ¿Eso qué quiere decir? Poca cosa: que los partidos van a regalar dinero o bienes a cambio de votos; o que van a condicionar el voto a cambio de mantener prebendas. Lo curioso del asunto es que eso es justamente lo que ha hecho la llamada izquierda mexicana en todos los gobiernos estatales que llegó a tener y que, por ésas y otras tonterías parecidas, ya perdió. Y es lo mismo que esa izquierda hace en el Distrito Federal con programas sociales como el de los viejitos, las madres solteras, las becas a estudiantes...
Y el tema de plano se convierte en un asunto de risa loca cuando el candidato AMLO, en referencia a esas prácticas -provenientes de todos los partidos, incluidas las izquierdas- propuso en las plazas de todo el país, y a los electores de todas las tendencias, que si les dan dinero, bienes o promesas, "las agarren", pero voten por la causa del México bueno. Es decir, que el candidato de las izquierdas no sólo reconoce que todos los partidos regalan prebendas, sino que estimula la corrupción y que sean solapados los tramposos. Nunca les dice que denuncien o rechacen las dádivas, sino que "las agarren", pero que voten por él.
Pero no es todo. AMLO sabe bien que los ciudadanos no son idiotas y que no venden fácilmente su voto por dádivas. Por eso les recuerda que "si les dan cosas, las agarren, porque ya saben que el voto es libre". Por lo demás, la dádiva es igual que la promesa partidista expresada en la plaza; es un intento de cooptar la voluntad popular. Y todos los ciudadanos y potenciales electores saben que escuchar la promesa de un candidato, cualquiera que sea, no los compromete a nada.
En realidad, el fraude está en el imaginario de AMLO, quien se sabe derrotado y lo usará como ariete para derribar la elección. Si pierde, hoy gritará que no reconoce el resultado porque se habría cometido un horrible fraude. Lo que no sabe, sin embargo, es que sus espectáculos de circo ya no entusiasman a nadie.
Venganza contra el mensajero Pero los tiempos de canallas se han dirigido especialmente contra los periodistas y los medios críticos del "mesías tropical". El primer caso fue evidente de manera pública -y luego de que El Universal difundió un audio que exhibía las transas de AMLO y su claque, cuando pasaban la charola con grupos empresariales- el candidato López Obrador acusó a El Universal en la plaza pública y en distintos medios de estar supuestamente en contra de su campaña y de ser parte del complot en su contra.
El "pecado" de El Gran Diario de México fue su profesionalismo y oportunidad periodística. Sin embargo, para AMLO, el periodismo independiente y crítico es una amenaza a sus intereses. Luego vinieron las amenazas y el amedrentamiento contra el autor del Itinerario Político. Justamente hace ocho días, el domingo pasado, una treintena de ambulantes nos insultaron y agredieron verbalmente frente al Hemiciclo a Juárez. El "pecado": cuestionar a AMLO.
La dosis también fue lanzada contra el periodista y director de Milenio Diario, Carlos Marín, a quien una turba persiguió, insultó y escupió. Pero no fue todo. Desplegados periodísticos pagados por el PRD del DF cuestionaron el origen del dinero que destina Milenio al levantamiento diario de una encuesta sobre la elección presidencial y la del GDF. La dizque izquierda pretende no sólo desacreditar la encuesta de Milenio, sino sembrar la duda sobre el resultado y su independencia. Esta noche quedará claro quién es quién en las encuestas.
Pero tampoco ahí termina el intento de desprestigio de periodistas que no se han sumado a la corte del lopezobradorismo. También, en días recientes, fueron acusados Héctor Aguilar Camín y Joaquín López-Dóriga de beneficiarse de supuestos contratos provenientes del gobierno del Estado de México. Se intenta hacer creer que la publicidad oficial que se paga a todos o casi todos los medios de comunicación -que no es más que dinero público- es una fuente de corrupción, control o pauta de afinidad política. Si fuera así, la misma irregularidad la estarían cometiendo, por ejemplo, el gobierno federal y el capitalino; y también estarían implicados aquellos que acusan a Aguilar Camín y a López-Dóriga. Pero lo cierto es que la denuncia es parte de los tiempos de canallas.
Abuchean a Calderón Como parte de esos mismos tiempos de canallas, se dio también el abucheo a Felipe Calderón, en Bellas Artes, durante el homenaje a Moncayo. Y es que se puede estar de acuerdo o no con el desempeño de Calderón al frente del Ejecutivo federal. Se puede cuestionar o no su política de combate al crimen. Pero nadie puede ignorar que gracias a la estabilidad económica, México no enfrenta una crisis como las de España o Grecia; un cambio de régimen en medio de devaluaciones y crisis.
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